Buscador sola libre

Amalia Rosa de lo Vientos y los neneas

2019.09.19 22:44 OwumyrGM Amalia Rosa de lo Vientos y los neneas

Listos o no allá voy! - Gritó Aristeo. Aún sin abrir sus ojos. Se concentró en sus sentidos. Primero en el olfato y sus fosas nasales se expandieron y luego en su audición y sus orejas se alargaron y agitaron con vida propia.
Sonrió al percibir la presencia de sus hermanos y hermanas respirando agitadamente tras haber corrido a sus escondites en las inmediaciones del parque de la casa. Era una vivienda tan pequeña que en gran parte el desafío de esconderse era infiltrarse en las casas vecinas para conseguir el mejor escondite.
Sonrió y luego asomó una mueca de dolor. Las uñas de sus manos habían comenzado a crecer rápidamente así como sus colmillos causándole gran dolor. Además como siempre esas punzadas de agudo dolor insoportable bajo los hombros… eran la causa de que nunca se hubiese animado a explorar más allá sus habilidades.
Abrió los ojos, sus pupilas todavía algo dilatadas podían ver las siluetas de dos de sus hermanas justo en el recodo del callejón aledaño que conectaba con la casa de la señora Alfonsina Jeréz. Ese era el escondite más sencillo, la anciana Alfonsina estaba tan senil que había llegado a confundirlos con todos sus parientes, ángeles y hasta mascotas… Sonó sus dedos entrelazándolos entre sí. Era el mejor buscador entre todos sus hermanos gracias a sus talentos y lo gozaba.
Estaba listo para lanzarse a la carrera y sorprender por detrás a sus hermanas cuando su juego se vio interrumpido por el llamado de su madre.
Niños! Vengan aquí inmediatamente - Llamó. La robusta mujer estaba agitada y su rostro denotaba gran preocupación. Recuperó el aliento mientras los niños se reunían.
Nos han descubierto- anunció. Ya no están seguros aquí.
Una de las niñas rompió en llanto. Aristeo sintió un nudo en el pecho y no dijo nada. No era la primera vez que esto sucedía y sin embargo el último año le había tomado gran aprecio a Amalia Rosa. Inclusive había llegado a llamarla “madre” con gran naturalidad.
Amalia tomó en brazos a Zoé, la más pequeña de todos ellos. Ella lloraba, sabía lo que vendría a continuación: días que se sucederían huyendo y migrando de escondite en escondite hasta que pudieran reubicarlos con algún otro guardián, siempre había sido así.
Amalia la sostuvo y le quitó la blusa dejando ver un complejo tatuaje que abarcaba la totalidad de su espalda. Posó la mano libre en el tatuaje y susurró una oración. La voz le temblaba, un temblor mezcla de la ansiedad, la angustia y el miedo.
“uzin petranas yth rigluin dout letoclo”
Recitó el verso aprendido de memoria en una lengua desconocida para ella, visitió a la niña y esperó. Durante unos instantes nada sucedió y ya comenzaba a preguntarse qué haría con los niños ella sola… Un instante más tarde los niños reconocieron a su protector.
Uzín! - Exclamaron más aliviados y corrieron a abrazarlo a pesar de que hubiera intimidado a cualquier persona corriente con su sola apariencia: ojos azul incandescente sin pupilas, piel en una tonalidad aún más oscura y una larga cabellera negra atada en una gran trenza con anillos dorados. Su armadura dorada brillaba inmaculada a la tenue luz del día nublado. Cualquiera que hubiese podido verlo se hubiera percatado de su presencia, pero sólo ellos podían.
Rosa sintió la brisa que su materialización generó en el rostro al tiempo que levantaba la vista, pero su mirada no encontró la suya. Sentía su presencia. Ella no podía verlo aunque él sí podía verla a ella.
La pequeña transmitió a Amalia la voluntad de Uzín de saber los detalles de la situación. Y ella explicó que un grupo comando de la Iglesia de Angrad atacó la taberna donde estaba encubierta y eligió seguirla a ella en vez de al traficante de polvo de diamante. Estaba tan cerca de descubrirlo! Cómo pudo la Iglesia llegar a involucrarse en esto si sus conocimientos son apenas superficiales! Se lamentó.
A Uzín se le ensombreció el rostro con la pena, pero fue Zoé la que transmitió sus pensamientos a Amalia.
Nos has cuidado y querido durante todo este año como hijos propios y a tantos otros antes que a nosotros jamás te olvidaremos.
Aristeo la abrazó por última vez.
Uzin le dedicó una mirada a Silverio, el mayor de los seis. Los hermanos se tomaron de las manos y en pocos instantes no había seis niños, sino 24. Un grupo entró a la casa con Amalia, otro corrió por uno de los callejones en dirección a la ciudad antigua, otro hacia una conocida entrada a las alcantarillas y el último simplemente se desvaneció junto con Uzin.
TOC TOC TOC !
Los niños entraron correteando a la casa y retomaron sus actividades cotidianas. Amalia se acercó a la puerta nerviosa ¿Duraría la ilusión lo suficiente?, se recompuso, inspiró hondo y abrió. Era la capitana del grupo comando de Angrad que la había descubierto y perseguido desde la taberna!
Quizás no sabían tanto como había supuesto…
El imponente medallón de Angrad sostenido por gruesas cadenas alrededor del cuello de la joven fue lo primero que llamó su atención. Recorrió con la vista la gruesa trenza al estilo de las tribus tribales que caía grácil y muy cuidada por delante de su hombro izquierdo hasta encontrarse con su mirada y sonrió. Le dió los buenos días y la invitó a pasar....
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